Regeneración Puebla

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"Enlazando Caminos"

En la columna pasada, tuve el gusto de compartir contigo qué es lo que una Diputada o Diputado hace a grandes rasgos. En este espacio pienso compartir de la manera más clara y accesible, todo lo que he aprendido en mi incursión en el sector público y la política. Por ello creo de suma importancia, responder las preguntas básicas: qué, cómo, cuándo, dónde y por qué. Ahora, para esta columna, me gustaría enfocarme en el cómo.

Ejercer un mandato emanado de la voluntad de una comunidad, es una enorme responsabilidad. Todas las personas que trabajan en el gobierno dedican su actividad profesional a una tarea que presupone la confianza de la sociedad que le ha delegado el poder de decidir por ellos el rumbo de la vida pública que compartimos. Por lo anterior, las y los servidores públicos tienen que seguir una serie de principios en su actuar, para honrar sus encargos y lo que éstos representan.

 

En el Derecho Mexicano, un poder o mandato es una potestad que habilita que una persona realice actos en representación o por cuenta de otra. Las y los servidores públicos, realizamos actos en representación del interés común. Este tipo de relación con la sociedad nos obliga a rendirle cuenta de los actos que realizamos por su cuenta. Por ello, uno de los principios que rigen el servicio público, es el de la rendición de cuentas.

 

Las y los Diputados fuimos electos por una comunidad, para representarlos en el Congreso, donde se toman decisiones que afectan su vida pública. Ellos, lo hicieron bajo la condición de que representemos sus intereses; y, por ello, tienen derecho a conocer qué hacemos por su cuenta. Así, nosotros, las y los servidores públicos, estamos obligados a informar nuestras acciones y escuchar sus necesidades, para sustentar nuestros actos.

 

En el ejercicio de mi Diputación, siempre he estado abierta a la participación de las y los ciudadanos que me han buscado para manifestarme personalmente cuáles son sus intereses y necesidades. Para mi, el mejor insumo para honrar mi mandato en el diseño de iniciativas o puntos de acuerdo es el intercambio de ideas. La apertura, es sin dudas otro de los principios que rigen mi actuar, como Diputada.

 

Por otra parte, un principio básico que toda autoridad debe observar es el de legalidad. Este principio implica una limitación en el alcance de lo que uno puede hacer como servidora o servidor público, con el poder que su encargo le confiere. Su interpretación más concisa, la hemos escuchado bajo la afirmación de que uno, como particular, puede hacer todo aquello que la ley no le prohíba; sin embargo, en el caso de las autoridades es al revés: pues sólo pueden hacer lo que la ley expresamente les permite. Resulta básico apegarse a las facultades, atribuciones y funciones que la ley otorga a una o un servidor público, para no incurrir en un abuso de poder.

 

Además de los anteriores, la eficacia y eficiencia son presupuestos sumamente importantes para dar buenos resultados a la sociedad, como servidora pública. Estos califican el desempeño del ejercicio de un cargo. La eficacia refiere a la capacidad de lograr el resultado o efecto que uno busca; mientras que la eficiencia, a la capacidad de lograrlo de la manera más adecuada (generalmente en términos económicos). Ambos principios califican la calidad del trabajo de las y los servidores públicos; y, por ello, los llevo en mente en todo momento.

 

Por último, no me gustaría despedirme sin hacer alusión a los principios de honradez e integridad pues representan los pilares del movimiento político al que decidí sumarme. La probidad en el servicio público es una condición que toda persona que desea participar en el sector público debe poseer para no fallar en el encargo que se le encomendó. El servicio público no sólo es una de las muchas actividades que una persona puede realizar a manera de trabajo sino la forma de vida que una persona elige por vocación.

 

Nuestro sistema jurídico señala, además de los anteriores, otros principios que toda servidora y servidor público debe observar en el desempeño de sus funciones, como la disciplina, objetividad, profesionalismo, lealtad, imparcialidad o austeridad que son igualmente importantes para la buena gobernanza; y también merecen ser mencionados.

 

Esperando que el contenido de esta columna les haya sido útil para conocer más el sector público y cómo funciona, me despido recordando que se sigan cuidando.

 

Usen su cubre bocas y nos leemos en la próxima columna.

 

Olga Lucía Romero Garci Crespo

@OlgaRomeroGC

 

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